Sobre la psicologización de la enseñanza

En el XIII Congreso Español de Sociología encontré varias reflexiones alrededor de los saberes presentes en la escuela. Saberes no tanto como las disciplinas presentes en las asignaturas, sino como aquellas que la definen. Primero en el debate “Una educación con sociedad, una sociedad con educación”, donde José Beltrán, Mariano Fernández Enguita, Xoxé Manuel Souto y Maria del Mar Venegas discutieron sobre la presencia -y pertinencia- de la sociología en el currículum; después en la sesión del grupo de trabajo de Sociología de la Educación en el que presenté una comunicación, donde tratamos sobre innovación educativa o el Plan Bolonia al hilo de las diferentes comunicaciones.

En la legislación y el currículum educativo la preeminencia es de la psicología. No por su presencia mayoritaria entre los contenidos escolares, sino por ser el conocimiento sobre el que se articulan. Es la psicologización de la enseñanza. Michael W. Apple lo desarrolla ampliamente en Política cultural y educación:

La psicologización de la teoría y la práctica educativas, aunque haya beneficiado a ciertas áreas, por desgracia, también ha tenido un conjunto de importantes efectos imitadores. Ha supuesto, en un plano profundo, la eliminación de consideraciones culturales, políticas y económicas críticas de la esfera de las deliberaciones curriculares […]. En el proceso de crear al individuo psicológico la educación casi ha perdido todo sentido serio de las estructuras sociales y de las relaciones de raza, género, clase social y religión que tienen una fuerza considerable para configurar a estos individuos, a veces, de manera un tanto contradictoria. Es más, de ese modo, es incapaz de situar los currícula, la enseñanza y la evaluación en su contexto social más general, contexto que incluye programas más globales para una educación democrática y una sociedad más democrática (p. 131).

No sólo en sociedades en la encrucijada, como se tituló el congreso de la FES, el conocimiento social desde todas sus disciplinas permite comprender la complejidad de lo humano, que no es exclusivamente psicológica. En el caso educativo, la psicologización implica situar la comprensión del alumno, de sus resultados escolares y de los procesos de enseñanza-aprendizaje en un eje incompleto.

En lo que respecta al alumno, colocando sus características individuales como definidoras de su éxito o fracaso escolar. Esfuerzo, altas capacidades, memoria… son elementos en la evaluación educativa, dejando de lado el conocimiento que tenemos sobre cómo el capital cultural de la familia, los ingresos económicos o incluso la región en la que has nacido va a definir en buena manera tu paso por el sistema escolar. Hay diversas obras que lo desarrollan someramente. El último libro de José Saturnino Martínez García, La equidad y la educación, es un completo análisis.

En lo referente a los procesos de enseñanza-aprendizaje por la comprensión del aprendizaje como proceso individual, no como producto social, generado sobre la experiencia y en un entorno de interacción, proceso más cercano a las comunidades de práctica que al estudio escolástico. Está muy bien desarrollado -destaco entre una completa bibliografía- en la obra de Wenger Communities of practice: learning, meaning, and identity (1998, Cambridge University Press).

Reflejemos la situación sobre un problema de nuestro sistema escolar: el fracaso escolar. En un sistema psicologizado como el nuestro, comprenderemos el fenómeno como efecto de las características personales del alumnos. Tomemos en cuenta más disciplinas. Si el éxito o fracaso ya no depende de tu esfuerzo o de tus características personales e incluimos en la ecuación factores socioeconómicos e históricos, las posibles soluciones se complejiza y la solución y responsabilidad ya no es tan simple.

Creo que aquí está la clave de la mesa redonda que citaba al comienzo de este texto y que Fernández Enguita reflejó en su primera intervención: no se trata de aquellas disciplinas que están presentes en el currículum, sino en las que nos sustentamos para comprender la complejidad de los procesos educativos y sobre la que se fundamenta la legislación, algo en lo que la psicología, exclusivamente, es insuficiente para dar una respuesta equitativa a las diferentes realidades desde la que se asoman los alumnos al sistema educativo.

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Acerca de Gabriel Rosa Bernaez

Profesor y consultor. Educación y cambio social. Doctorando en Educación en la Universidad Complutense.
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