El aula material y la inmaterialidad de las fuentes de conocimiento

La problemática educativa tiene diferentes elementos para su definición. Tiene su perspectiva histórica y cultural; la de las políticas educativas; la de la teoría sobre la que se sustenta. Todas ellas se comprenden actualmente en un diálogo con la maduración de la sociedad de la información, que ofrece una serie de elementos para comprender el fenómeno educativo: la materialidad de la institución educativa junto a la inmaterialidad de las fuentes de conocimiento, digitalizadas. Dejo unas breves notas sobre la escuela y la educación en una época de contenido digitalizado.

En una reciente entrevista al filósofo Santiago Alba Rico, a raíz de la publicación de su último libro, desarrolla esa idea de la inmaterialidad de las fuentes de conocimiento, que rompe con la figura tradicional de autoridad:

Ha habido una evaporación del sujeto corporal de la experiencia con esa erosión de la diferencia realidad- ficción que nos lleva a un punto en el que ya no sabemos qué significan las cosas. Y esto como resultado de una invasión material de discursos performativos desde formatos tecnológicos nuevos que, por un lado aumentan la velocidad, y por otro, erosionan los marcos de autoridad tradicionales. Y no solo en el periodismo, también en el magisterio.

Durante dos mil años unas generaciones han formado a otras. Existían una transmisión estable del saber que tenía dos fuentes, una eran los libros, y la otra, la figura del maestro. Esos dos vectores han quedado cuestionados en parte porque políticos irresponsables y falsos periodistas han hecho muy mal su labor, y porque hay nuevos formatos tecnológicos que imprimen una velocidad a los acontecimientos que logran que no seamos capaces de recordar nada y por lo tanto no podamos transmitir nada.

Esta idea de inmaterialidad está presente igualmente en las obras dedicadas a Telépolis por Javier Echeverría. En el caso concreto educativo: “ni la escuela ni es trabajo del futuro tendrán la organización temporal que hoy conocemos, basta en la noción de horario”. La ruptura de los ejes espacial y temporal del aula le llevan a proponer escuelas-red, “infraestructuras telemáticas y espacios electrónicos (digitales, virtuales) en donde se desarrollarán los procesos de aprendizaje y socialización que hoy en día tienen lugar en las instalaciones educativas” (Echeverría, 2012: 44)

El marco educativo en esta época de la vaporosidad de la información rompe con la estructura escolar tradicional, especialmente en lo que refiere Alba Rico sobre la formación generacional. El rol de la escuela y del docente pasa por la selección y transmisión cultural. Cuando la escuela no es el espacio único para la transmisión del conocimiento y formar a las próximas generaciones, ¿qué sentido tiene la escuela?

Si atendemos a la idea de transmisión cultural, ciertamente la escuela ha perdido peso en ese aspecto. Pero aunque la propia dinámica escolar se haya ocupado en esa tarea, la educación es una formación de las facultades humanas (memoria, análisis, etc.) de forma integrada. Gilles Deleuze lo expresa detalladamente en el capítulo tercero de Diferencia y repetición:

¿A partir de qué signos de la sensibilidad, por medio de qué tesoros de la memoria, se suscitará el pensamiento, bajo las torsiones determinadas por las singularidades de cuál Idea? Nunca se sabe de antemano cómo alguien va a aprender -por qué amores se llega a ser bueno en latín, por qué encuentros se hace uno filósofo, en qué diccionarios se aprende a pensar-. Los límites de la facultades se encajan los unos a los otros, bajo la forma rota de lo que lleva y transmite la diferencia. No hay método para encontrar los tesoros y tampoco para aprender, sólo un violento adiestramiento, una cultura o paideia que recorre al individuo por entero […]. El método es el medio de saber que regula la colaboración de todas las facultades; también es la manifestación de un sentido común o la realización de una cognitatio natura, que presupone una buena voluntad como una «decisión premeditada» del pensador. Pero la cultura es el movimiento de aprender, la aventura de los involuntario, encadenando una sensibilidad, una memoria, luego un m¡pensamiento, con todas las violencias y crueldades necesarias, decía Nietzsche, justamente para «adiestrar un pueblo de pensadores», «dar forma al espíritu».

No entendamos exclusivamente, como explica Alba Rico, que es la erosión de los marcos de autoridad tradicionales lo que traen las tecnologías digitales, sino un replanteamiento, en el ámbito educativo, de la utilidad de la institución escolar. Queda la función metodológica de Deleuze, encaminada al análisis y comprensión de los objetos, expresión de la acción consciente. Una alfabetización en todos su sentidos, para lo cual hay que comprender los medios digitales no como tecnología, sino como formas culturales, como expresa Buckinham en el texto Repensar en aprendizaje en la era digital:

La perspectiva que propongo, tomada de experiencias con educación en medios, provee una perspectiva riguro- sa y desafiante acerca de la tecnología, que hasta ahora no han podido proveer las materias sobre informática o TICs. Ofrece una manera de conectar los usos escolares de la tecnología con los usos fuera de ella y con la cultura popular, de manera crítica y no celebratoria, y plantea preguntas cruciales para ir más allá del uso instrumental de la tec- nología. Creo que la alfabetización en medios debería re- emplazar a las materias de informática, y que tendría que estar mucho más integrada con el aprendizaje de Lengua y Literatura.

Las tecnologías digitales son un hecho inescapable de la vida moderna. No podemos abandonar los medios y las tecnologías digitales en educación y volver a un tiempo más simple y más “natural”. Los docentes deben usar la tecnología de una forma u otra; y vale la pena recordar que el libro es también una tecnología o medio, tanto co- mo lo es internet.

Los medios digitales como internet y los videojuegos tie- nen un enorme potencial para el aprendizaje; pero será difícil realizar ese potencial si seguimos considerándolos solo como tecnologías, y no como formas de cultura y comunicación.

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REFERENCIA

Echeverría, J. (2012). La escuela continua y el trabajo en el espacio-tiempo electrónico. In B. Jarauta & F. Imbernón (Eds.), Pensando en el futuro de la educación: una nueva escuela para el siglo XXII(Vol. 39, pp. 37–49). Barcelona: Grao.

Acerca de Gabriel Rosa Bernaez

Profesor y consultor. Educación y cambio social. Doctorando en Educación en la Universidad Complutense.
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