La reflexión epistemológica del docente, principio de la innovación educativa

Frente a la innovación pedagógica entendida como corriente, con lo que entiendo aquellas propuestas didácticas que son acogidas por los docentes de forma acrítica, cabe la concepción del profesor como investigador en su aula, quien desde la comprensión de las características y realidad social de sus alumnos adopta metodologías que permiten que cada alumno desarrolle sus capacidades y pueda superar sus handicaps socioeconómicos.

Realmente este no es un planteamiento nuevo, como afirmaba en un artículo reflexionando sobre este tema Martínez Bonafé (aquí). Termina así su texto:

“Pues no nos descubres nada nuevo”, me dirá la compañera jubilada sentada en la primera fila. El relato no es muy diferente de aquella obsesión por los inputs y outputs definidos en términos de objetivos operativos a la que tuvimos ocasión de enfrentarnos. Precisamente porque es un falso discurso de equidad y queríamos asumir en la escuela y en el debate profesional y público cómo acercar el curriculum a la vida real de la infancia, nos enfrentamos a la estandarización y buscamos teorías y metodologías didácticas acordes al deseo y el consenso comunitario sobre cómo producir ese acercamiento. Y de eso nos quejamos precisamente ahora: de la desmemoria con la que asumimos la ruptura entre profesión docente e investigación del curriculum.

Es habitual centrar los discursos de la innovación en la utilización de la tecnología disponible, pero olvidando que esa tecnología tiene un carácter social, del mismo modo que lo tiene la docencia. La pregunta quizá no gira sobre la tecnología que utilizamos para mejorar los procesos de enseñanza aprendizaje, sino en cómo la mediación tecnológica posibilita que alumnos con diferentes capacidades y entornos sociales logren desarrollar competencias que les permitan desenvolverse con soltura. En vez de afirmarnos como docentes que utilizan gamificación o abp o flipped classroom, por ejemplo, podríamos exponer que usamos ese método en nuestro aula y viene obteniendo buenos resultados, girando con ello desde una discusión sobre la idoneidad de un determinado modelo hacia la idoneidad de su utilización con nuestro grupo de alumnos, centrándonos en el aprendizaje.

Cabe, al menos, recordar que en educación no existe un método universalmente válido, como estuvo en el ideal de Comenius con el libro, especialmente con la escritura de Orbis Sensualium Pictus (con una edición excelente actual en Libros del Zorro Rojo), donde recopiló todo el saber que consideró necesitaban adquirir los alumnos.

Como señala mi admirado Javier Echeverría en el capítulo La escuela continua y el trabajo en el espacio-tiempo (aquí) la escuela actual está conformada sobre un entorno TIC, que es el que tenemos en la actualidad y que posiblemente diste del que tengamos en el futuro. Por ello, la tecnología es mediadora del aprendizaje  y los docentes deben recuperar su labor epistemológica profesional: reflexión sobre las herramientas disponibles, el currículum y sus alumnos; sobre la función de la escuela y el rol que ocupa como docente. Sobre el aprendizaje y cómo lo promovemos, el objetivo de la innovación docente.

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Acerca de Gabriel Rosa Bernaez

Profesor y consultor. Educación y cambio social. Doctorando en Educación en la Universidad Complutense.
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