John Dewey y el problema del uso educativo de la ciencia

Dewey, J. (2004). Democracia y educación : Una introducción a la filosofía de la educación. Madrid: Morata

El problema del uso educativo de la ciencia consiste pues en crear una inteligencia fecunda por la ciencia en la posibilidad de la dirección de los asuntos humanos por sí mismos. El método de la ciencia, engranado mediante la educación en el hábito, significa la emancipación de las reglas empíricas y de la rutina engendrada por los procedimientos empíricos. La palabra empírico, en su uso ordinario, no significa “conexionada con experimentos”, sino más bien lo tosco e irracional. Bajo la influencia de las condiciones creadas por la no existencia de la ciencia experimental, se opuso en todas las filosofías dominantes del pasado la experiencia a la razón y a lo verdaderamente racional. El conocimiento empírico significa el conocimiento acumulado por una multitud de casos pasados sin una inteligente penetración en los principios de ninguno de ellos. Decir que la medicina era empírica significa que no era científica, sino una forma de práctica basada en observaciones acumuladas de las enfermedades y de los remedios utilizados más o menos al azar. Tal forma de práctica es necesariamente fortuita; depende de la suerte. Lleva por sí misma a la decepción y a la charlatanería. La industria que está “empíricamente” controlada impide las aplicaciones constructivas de la inteligencia; depende de seguir en una forma limitativa servil los modelos establecidos en el pasado. La ciencia experimental significa la posibilidad de usar las experiencias pasadas como sirvientes, no como las armas del espíritu. Significa que la razón opera dentro de la experiencia, y no más allá de ella, para darle una cualidad inteligente o razonable. La ciencia es la experiencia que llega a ser racional. El efecto de la ciencia es, así, cambiar la idea del hombre respecto a la naturaleza y a las posibilidades inherentes de la experiencia. Por el mismo motivo, cambia también la idea y la operación de la razón. En vez de ser algo de la experiencia, remoto, aislado, concerniente a una región sublime que no tiene nada que hacer con los hechos experimentados de la vida, se encuentra viviendo en la experiencia: es el factor por el cual las experiencias pasadas se purifican y se transforman en instrumentos para el descubrimiento y el progreso (p. 194).

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Acerca de Gabriel Rosa Bernaez

Profesor y consultor. Educación y cambio social. Doctorando en Educación en la Universidad Complutense.
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