Los exámenes no muestran la realidad escolar

No suelo participar en debates en Twitter. Creo que es una herramienta útil para conocer la actualidad académica y poder acceder con inmediatez al trabajo de investigadores y profesionales diversos del ámbito educativo. Poco más uso hago. No me informo a través de redes sociales y no busco comentaristas cítricos y críticos de la actualidad.

La pasada semana hubo un  debate que me pareció interesante por centrar los exámenes y sus resultados como muestra objetiva de lo aprendido y la acción docente. Como pareciese que un examen muestra eso, participé brevemente en el debate. Creo que es un tema que merece reflexión y acepta matizaciones. La primera reflexión viene a raíz de este tuit de PLIS Educación:

La primera matización es que no podemos responsabilizar exclusivamente a la institución escolar de los resultados académicos. De acuerdo a los datos que tenemos, el contexto socioeconómico es determinante. No hace falta retrotraernos a la lectura de Bourdieu y Passeron (aquí puede accederse a una copia de La reproducción social), numerosos estudios inciden en este aspecto. Por ejemplo “Equity in Education. Breaking Down Barriers to Social Mobility“, una de las últimas publicaciones de la OECD.

Las escuelas, a partir del conocimiento del contexto en el que están ubicadas -análisis que se incluye en cualquier proyecto educativo-, realizarían las adaptaciones necesarias para que se produzcan procesos de enseñanza aprendizaje que suplan los handicaps que los alumnos pudiesen tener. El trabajo de Fernández Enguita “Alumnos gitanos en la escuela paya” (aquí el cátedro lo tiene para consulta y descarga) refleja como los resultados escolares de los alumnos de esta minoría dependen de la adaptación de los alumnos a la cultura imperante en los centros, que no es la suya. La educación no es un proceso aséptico de transmisión de conocimiento, sino un proceso social de incorporación a una cultura mayoritaria, donde la escuela, siguiendo al sociólogo, para el deseable éxito de todos sus alumnos, debería separar sus funciones de validez universal de aquellas que dependen de las circunstancias sociales del momento.

Una segunda matización en este debate son los resultados, tanto como lo único importante como por su utilidad para valorar el éxito de la docencia. Comenzando por lo segundo, comprender los resultados de exámenes como datos sobre el que analizar el desempeño docencia es un error metodológico. Hay que tener en cuenta que en cualquier investigación los datos se encuentran contextualizados, no se toman en bruto. Tienen que tener una forma común para poder ser analizados. La famosa cocina. El caso de PISA es un buen ejemplo. No se toman todos los resultados en bruto y se comparan países socioeconómica y culturalmente diversos, sino que se forma un alumno tipo de cada país, se atiende a los cuadernillos de preguntas, etc. (aquí puede leerse un artículo de la profesora Martínez Arias al respecto). El examen que un profesor/claustro decida poner no es un estándar común, varía entre docentes/centros y no tiene por qué responder a un criterio objetivo, al menos a priori. Sencillamente no valdría como fuente de datos sin cocina previa del test y de la muestra.

Sobre los resultados, apreciar que la función social de la escuela no se centra exclusivamente en la transmisión de conocimiento. Manuel Ahedo Sacristán hace una buena definición en el comienzo de su ponencia “¿Es posible diseñar un buen sistema educativo en la era global?” (aquí el texto completo, p 9-18):

Tras varias décadas de estudios comparados internacionales sobre los sistemas educativos podemos preguntarnos si es posible vislumbrar un sistema educativo modélico que cumpla con los tres objetivos principales de la educación moderna: formar personas capaces de ser, estar y trabajar en la sociedad actual, enseñar los conocimientos y capacidades cognitivas básicas de la cultura y civilización en que vivimos, y servir de mecanismo para una adecuada integración y cohesión social sin eliminar las dinámicas positivas de una sana meritocracia.

Las políticas públicas educativas deben comprenderse dentro de un ámbito de reformas más amplio para ser eficientes. Responderíamos así al tipo de ciudadano que deseamos para la sociedad y a la vez al tipo de sociedad a la que aspiramos. Algo muy complejo, por otra parte, y a largo plazo. Un proyecto de estado.

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Acerca de Gabriel Rosa Bernaez

Profesor y consultor. Educación y cambio social. Doctorando en Educación en la Universidad Complutense.
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