Hipermodernidad

Siempre tengo más que estudiar que por escribir. Al menos es mi sensación. Aunque esté analizando datos para la tesis y preparando artículos para revistas, acumulo varios textos pendientes. Uno de los últimos que leí, aunque se publicó hace unos meses, es On Hipermodernity, de John David Ebert.

No trata temas educativos propiamente, pero reflexiona sobre el contexto social en un mundo hipermedia, en el que se mueve la escuela. Para Ebert, tras el 11-S y la extensión del acceso a Internet, se produjo la ruptura desde la posmodernidad a la hipermodernidad, posibilitando la tecnología un giro hacia la individualidad. La tecnología como órbita/espacio/mundo interior. Veamos cómo lo plantea:

And along with it, what Marc Auge termed “the Non-Place,” that is to say, the eruption, during the 1950s in America, of the Interstate Highway System and its various motels, fast food restaurants and strip malls, all of which had a decentralizing effect on the quaint old city center of the traditional modern city. While the downtown areas began to crumble, the city exported itself to the countryside so that, as McLuhan–the great prophet of postmodern media–put it, “every truck stop cafe with a television and a newspaper became as cosmopolitan as New York or Paris.”

But then, Hypermodernity put an end to the shopping mall, which began to dissolve and disappear during the decade of the 2000’s as the Internet, in turn, decentralized the mall by exporting it to the living room: in effect, the mall became an individualized, rather than a communal, experience. With the Internet, the individual never had to leave his home to shop, and so during the 2000’s retail stores, shopping malls and their connected media–bookstores, record stores, magazines and newspapers–began to disappear as they were absorbed into this new totally electronic World Interior.

Hablamos y leemos sobre las posibilidades que genera Internet y el desarrollo de un ágora global; y de empoderamiento, sinergias y prosumidores como resultado. Aunque quizá debiéramos preguntarnos por las características de ese foro -toda tecnología conlleva una serie de significaciones y de usos-, de la exposición de nuestra identidad y de la posibilidad de construir procesos conjuntos de cambio -espacio a la innovación-. El giro a la individualidad no dejaría espacio a los proyectos sociales, dentro de ese entorno líquido que desarrolló Bauman.

La filosofía debería ayudarnos a plantear el entorno sobre el que realizar preguntas pertinentes que permitan una comprensión de la realidad socioeconómico. El texto de Ebert y su hilo de comentarios abren un espacio al debate. Rompe con el discurso triunfalista de la tecnofilia. Permite ahondar, al menos, en el discurso sobre el que crece la victoria de esta era tecnológica.

Acerca de Gabriel Rosa Bernaez

Profesor y consultor. Educación y cambio social. Doctorando en Educación en la Universidad Complutense.
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