Information, knowledge, wisdom; una viñeta

Hace tiempo vi una viñeta que publicó Alfonso Alcantara en su perfil de Google+. Se encuentra muy relacionada con anteriores entradas publicadas en el blog, pues el tema del conocimiento es uno de los que más me interesa: conocimiento e información; y la relación y límites entre ambas. La viñeta en cuestión:

informacion, conocimiento sabiduria

Según el DRAE la sabiduría sería el grado más alto de conocimiento. Según nuestra viñeta, que creo recoge muy bien la idea de organización, de estructura, que tenemos del conocimiento ya desde Piaget -quizá quien mejor haya desarrollado la idea de organización biológica del conocimiento- y que con el desarrollo de las redes en Internet ha tomado relevancia la perspectiva colaborativa.

Llama la atención la viñeta de la sabiduría: dos datos solitarios, sin relación aparente alguna. Esta imagen recuerda a la del sabio hindú o el monje budista que meditan para una comprensión profunda de los humano y su relación trascendente para con lo que lo rodea. Son ellos alejándose de todo lo que les perturba para llegar a la aprehensión a través de la serenidad.

El caso es que el conocimiento y la sabiduría no deberían ser (sólo) conceptualizados simplemente como una estructura informacional y con la capacidad de comprender objetos sobre el resto, principalmente porque el conocimiento es algo que se produce en contraposición a la complejidad, a la organización del propio mundo.

La obra del físico Jorge Wagensberg Ideas sobre la complejidad del mundo (mi edición es de 2.007, Tusquets Editores, colección Fábula nº 205) es una enorme aproximación, con tono divulgativo, a lo que la ciencia teórica aporta al conocimiento, en la medida que este es la construcción con la que tratamos la incertidumbre y la complejidad.

El desarrollo de la teoría de sistemas y la cibernética ha sido un gran avance en el conocimiento del conocimiento, tomando el nombre de la obra de Edgar Morin, quien, como señala Marcelo Pakman en el prólogo de Introducción al pensamiento complejo, (editado por Gedisa en  2.007) se ha adentrado profundamente en su estudio, haciendo de su vida una aventura intelectual.

En el mundo existe el azar; el azar genera incertidumbre. La incertidumbre está en el seno de los sistemas ricamente organizados (Edgar Morin en Introducción al pensamiento complejo, p. 60). Este planteamiento es una reducción de una rica relación entre hombre y naturaleza, pero creo enmarca el espacio en el que el conocimiento se produce. Sería el intento de dar respuesta a las incertidumbres que encontramos en el mundo. Algo, por otra parte, que hacemos desde que nacemos.

Creo que este es un aspecto fundamental desde el punto de vista educativo. El conocimiento lo construimos para relacionarnos, que es la esfera práctica de la comprensión. Por ello creo que antes de centrarnos en los medios sociotécnicos (imprenta vs. Internet, donde se encuentra centrado el debate) por los que accedemos a la información, desde el punto de vista pedagógico se debería atender primero a los posibles métodos con los que podemos aproximarnos a la incertidumbre a nuestro alrededor.

Aunque el conocimiento sea organización de información, sólo accediendo a esta no tiene por qué darse, en sí mismo, la creación de esa estructura que es el conocimiento. Esta se forma en la medida que necesitamos responder a un problema, independientemente de que tengamos o no información pertinente previamente (ya encontraremos los medios sociotécnicos de acceder a ella).

¿Cuáles son esos métodos? Jorge Wagensberg, que además de su carácter de científico teórico tiene una conciencia interdisciplinar, pone en el debate sobre el conocimiento tres métodos: la ciencia, el arte y la religión. El párrafo con el que cierra el postescriptum de la obra creo que explica bien su planteamiento:

La propuesta tiene cierto valor, creo, para analizar conocimientos. No existen, desde esta óptica científicos, ni artistas, ni creyentes puros. Todos contienen una mínima ración de los otros dos ingredientes. Hay científicos más “iluminados” que otros, artistas que “descubren” más y otros menos, la teología es la expresión de la tendencia científica de los creyentes,… Todo conocimiento puede representarse por un punto en un espacio coordenado por tres dimensiones, la científica, la artística, la divina. La práctica democrática empuja al político, por ejemplo, hacia el eje del arte (una imagen encargada de comunicar una inteligibilidad tiende a sustituir el debate científico) y la no práctica democrática lo hace hacia el divino (la verdad revelada legitima para, por ejemplo, el totalitarismo); no hay sin embargo el menor futuro para un político estrictamente científico, sin un mínimo calor artístico y una mínima fe en ciertas sólidas convicciones. Los caminos por este espacio del conocimiento pueden ser audaces, ingenuos, fraudulentos, esperanzadores, idóneos,… Percibida una complejidad, se inicia uno de estos caminos infinitos. Y esa es la cuestión (p. 163).

Para el conocimiento científico la realidad es objetiva y puede por tanto medirse; para el artista la sociedad es inteligible y puede por tanto interpretarse; para el religioso la realidad es revelada. La gran apuesta de Wagensberg, que “todo conocimiento es la superposición ponderada de las tres formas”, me parece la mejor aproximación posible al conocimiento. Como muestra el caso del descubrimiento de la estructura del benceno, cuando Kekulé soñó con una serpiente que se mordía la cola y le permitió descubrir la estructura del anillo, el conocimiento surge como proceso creativo que es a la vez objetivo y subjetivo.

En mi opinión, nos centramos excesivamente en las herramientas con las que generamos el conocimiento (los medios sociotécnico) y el la forma que nos posibilitan construirlo (la metodología: constructivismo, aprendizaje invisible, espacios para el aprendizaje, educación expandida, etc.), sin atender merecidamente al método -que suele quedar soslayado del debate- que es el que nos permita enfrentarnos a la realidad, esto es, a construir explicaciones que nos permitan transformarla. Quizá sea un matiz, pero educativamente es un cambio de modelo. Del conocimiento aplicado a la aplicación del conocimiento. Utilizar las herramientas de acuerdo a un método que nos posibilita generar conocimiento. No es poco.

Anuncios

Acerca de Gabriel Rosa Bernaez

Profesor y consultor. Educación y cambio social. Doctorando en Educación en la Universidad Complutense.
Esta entrada fue publicada en Complejidad, Conocimiento y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s