Sobre PISA, las competencias y un debate educativo sustentado en datos

Unos días atras estuve leyendo el ensayo “La desfachatez intelectual“, de Ignacio Sánchez-Cuenca, director de Instituto Carlos III-Juan March de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid y Profesor de Ciencia Política en la misma Universidad. El libro es ameno y fascinante: realiza un análisis incisivo de la pobre construcción del discurso de los literatos patrios, que en buena medida copan la opinión pública española.

La tesis del libro, como se señala en el prólogo, es que la sociedad española ha evolucionado mucho en los últimos años; la formación adquirida por las nuevas generaciones es más alta y mientras hoy contamos con numerosos expertos que pueden aportar al debate argumentos con más base que su propia ocurrencia, las grandes figuras literarias del país siguen realizando sus análisis desde el subjetivismo y amparándose en sus dominio literario, como hacían durante la transición, destacando la opinión sobre los datos.

Esa necesidad de rigor con los datos como sustento de nuestras afirmaciones (para transformarlas en argumentaciones) me trae a colación algunas de las  incluidas en el Libro blanco de la función docente no universitaria, cuyo borrador fue encargado a José Antonio Marina, Carmen Pellicer y Jesús Manso. El tema más polémico de los muchos que trata el informe ha sido la idea de que el buen maestro no puede cobrar lo mismo que uno malo. La figura del docente y su influencia en el sistema educativo y los resultados obtenidos en PISA posee vital importancia en el informe, sobre la que se sustenta buena parte de su argumentación.

El argumento del suelo de acuerdo a resultados ha sido someramente analizado y, en mi opinión, invalidado por Lucas Gortazar y Mikel Careaga de Politikon, en la medida de que no contamos con datos que avalen la tesis de que lo beneficioso para la mejora del sistema sea el premio a aquellos docentes que mejoren el desempeño de los alumnos.

Si bien es cierto que existen numerosos aspectos que habría que repensar y modificar tanto en la formación de los futuros docentes como en el acceso a la docencia (una buena contectualización la realiza Jaume Carbonell en  los 10 interrogantes que plantea a raíz del borrador del informe), creo que el Libro blanco aporta demasiada importancia a la figura del maestro desde la perspectiva (siempre presente en el informe) de los resultados obtenidos en PISA, mientras que obvia elementos como la inspección educativa, la formación aportada por las universidades, el acceso a la carrera docente o los propios históricos de nuestro país, cuya influencia no deberían a priori ser menor en los resultados.

Lo primero que deberíamos comprender es qué mide PISA, qué es eso de las competencias generales, que no son conceptos que se adquieren de forma indispensable y única en la escuela. Son capacidad de análisis, relación de conceptos o comprensión del uso de aparatos tecnológicos, por ejemplo, aspectos que se adquieren en todos los lugares de los que el alumno es parte (grupo de iguales, familia y escuela, junto a los medios a su disposición con los que interactúa).

Veamos un ejemplo de variables que pensamos tendría que incorporar con mayor detalle el informe de Marina, Pellicer y Manso. En el análisis de la situación educativa deberían integrarse los datos históricos de alfabetización del país. PISA ofrece no sólo la posibilidad de comparar resultados con países con contextos e historia divergentes de la española, sino especialmente el desarrollar una comparativa longitudinal que nos permita comprender los resultados dentro de nuestra historia.

Los estudios de José Saturnino Martínez García recorren este camino, como recoge el gráfico que mostramos a continuación. Podemos observar que los resultados en matemáticas de PISA 2012 muestran una correlación muy alta, del 0,69, con las tasas de alfabetización existentes en 1860, lo que convierte a la alfabetización en 1860 en una variable fundamental para comprender los resultados actuales en las competencias que mide la OCDE. La composición socioeconómica histórica de las diferentes regiones influye fuertemente en los resultados académicos.

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Relación entre la tasa de alfabetización en 1860 y el rendimiento en PISA en matemáticas en 2012. Fuente: José Saturnino Martínez García http://www.eldiario.es/zonacritica/Historia-PISA_6_203739626.html

Como decíamos, las competencias no son sólo resultado de una determinada política educativa, ni de la acción docente. Sin querer negar su influencia, si que queremos reflejar que las propuestas para el planteamiento de las reformas en las políticas públicas educativas deberían sustentarse en estudios que orienten un debate lo más objetivo posible, alejándonos de lo que cada uno opine sobre lo que es o debiera ser el sistema educativo. Como señalan en el post de Politikon, deberíamos ser lo más rigurosos posibles y valorar con mesura todos los datos y variables, para poder construir sobre ellas el consenso necesario que permita llevar a cabo reformas en el sistema educativo.

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Acerca de gabrielrosabernaez

Doctorando en Educación en la Universidad Complutense. Escribo sobre la ecología de los medios de información, comunicación y aprendizaje; y sobre sistemas complejos y epistemología.
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