Aprendizaje online: un proceso fragmentado

La docencia en el curso “Participación infantil y  desarrollo comunitario” del Observatorio de la Infancia de Andalucía (OIA) me lleva a una reflexión sobre las plataformas de aprendizaje, en este caso utilizamos MOODLE pero es extensible a otras, y los límites que le marca la comunicación como parte del proceso formativo.

En el campus online los alumnos tienen un foro privado por grupo donde pueden comunicarse para la elaboración del proyecto final del curso, y que algunos alumnos están utilizando para formar grupos de WhatsApp a través de los que concretar el proyecto. Como ya tratamos previamente al referirnos a la formación continua del profesorado, la formación depende -y en un espacio online donde los alumnos se encuentran separados especialmente- de la creación de comunidades virtuales en las que se genere el conocimiento.

Unas comunidades que podrán tener una mayor o menor estabilidad temporal, al menos durante la realización del objetivo al que responden. Una de las características de estas comunidades es que se encuentran fragmentadas en múltiples servicios desarrollados alrededor de Internet, como pueden ser foros, mensajería tipo chat, redes sociales, y lo que aporta integridad al contenido es la experiencia de los usuarios. Comenzamos una charla en WhatsApp, que continuamos por Facebook donde hemos compartido un enlace y acabamos comentando en un blog colectivo para la realización de un trabajo de clase es ya una experiencia común para muchos.

Lógicamente, cualquier institución educativa debe poner a disposición de sus alumnos una plataforma donde localizar la docencia y documentación del curso, pero los espacios comunicativos no serán exclusivamente esos y los decidirán los alumnos de acuerdo a su experiencia de uso de Internet, del mismo modo que en un espacio presencial no se produce toda la formación en el edificio del colegio o la universidad. Casi podríamos decir que como el acceso a un campus online se suele realizar desde el navegador de un ordenador -por características de estas plataformas que incluso cuando cuentan con una app nativa no dan acceso a todas las posibilidades de la plataforma- y la tendencia general es al uso de dispositivos móviles para la comunicación y acceso a la información, nos sentaremos frente al ordenador para acceder al campus online cuando queramos realmente realizar un texto o gráfica y subirlo a la plataforma.

¿Cambia esto nuestro aprendizaje? No exactamente, en la medida que cambiamos nuestras estructuras mentales para acoplar nuevos datos, pero si en cuanto al espacio formativo, que más que nunca podríamos afirmar que es ubicuo y parte de nuestra vida, sin espacio delimitado, sin tiempo específico y dentro de las aplicaciones con las que nos comunicamos con nuestros allegados.

Nuevos espacios que deberían llevar también a plantear nuevos lenguajes para los contenidos docentes.

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Acerca de gabrielrosabernaez

Docente. Máster en Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible. Grupo de trabajo La Ciudad de los Niños, de Acción Educativa.
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