Se trata del Aprendizaje, no de la Escuela

Comienza septiembre y el curso docente. Es tiempo de preparar las clases por venir y (como siempre) tiempo para pensar en como queremos que sea nuestra docencia. Hace tiempo que vengo notando como el debate educativo se centra principalmente en la titularidad de los centros y su financiación, olvidando que lo realmente importante es lo que ocurre dentro de las aulas.

No querría que se me malinterprete: el debate sobre la financiación de la escuela y la existencia de un escuela estatal (no me gusta el término público, pues de acuerdo a nuestra organización gubernativa, realmente no es “común del pueblo o ciudad“, puesto que la titularidad no recae en ellos) es esencial para establecer una estrategia alrededor de la compensación de desigualdades sociales, del acceso a una alfabetización (digital), de la competitividad del país, de la formación en los valores democráticos, de la formación de una sociedad crítica y otros fundamentales aspectos que seguiríamos enumerando; pero lo importante, a mi entender, es que la titularidad estatal de un centro no garantiza por si misma que se den todos los procesos recién enumerados. Lo garantiza la posibilidad de que los alumnos participen activamente en la construcción del conocimiento: las vivencias del aula. La eje clave es el aprendizaje.

Este hilo viene a raíz de 2 textos leídos estos días y el debate consecuente en casa (mi mujer es docente), con amigos y colegas. El primero es una noticia en The San Diego Union-Tribune sobre cómo la jornada escolar y sus tareas producen ansiedad en los alumnos que repercute en un bajo rendimiento y produce estados diagnosticados de ansiedad y depresión. La Escuela debe formar a los alumnos en sus habilidades cognitivas, pero también en las físicas y mentales.

El abuso de la memoria como única herramienta de conocimiento, la falta de contacto con el medio físico y social que rodea a la escuela, recurrir a los deberes como refuerzo -o castigo- de lo trabajado diariamente en el aula, o la creencia más o menos implícita en que todo lo que los niños deben conocer se encuentra recogido en los libros de texto y es su transmisión por el profesor lo que facilita que los alumnos los adquieran, muestra una escuela actual que sigue manteniendo la organización propia de la revolución industrial en la que se originó y ha sido incapaz de asimilar los cambios en la diversidad social, en las formas de producción, en la concepción de la ciudadanía o las profesiones, manteniendo su estructura una jerarquía (maestro-familia-alumnos) propias de un sistema racional que no tiene en cuenta el conocimiento que tenemos sobre el conocimiento, como el constructivismo o el actual colectivismo, que enseñan que los aprendizajes no se deben al esfuerzo personal del docente, sino que son fruto del trabajo colectivo y requieren de la acción del alumno para producirse (para una breve pero incisivo análisis de los retos actuales de la Escuela y los docentes léase Fernández Enguita, M. (2009). Educar en tiempos inciertos. Ed. Morata).

En esa línea de adecuación del la escuela al aprendizaje de los alumnos se encuentra el precioso reportaje en Wired.com que relata como el profesor Sergio Juarez Correa quiso terminar con el proceso de tedio que tanto a él como a sus alumnos les producía la enseñanza transmisiva. A partir de su conocimiento de la experiencia de Sugata Mitra  aportando acceso libre a ordenadores a niños en la India, con lo que aprendieron solos multitud de cosas sorprendentes, desde la replicación del ADN al idioma inglés.

El acceso a la información que ha posibilitado Internet cambia la forma en la que aprendemos, nuestro procesamiento de la información y nuestra comunicación, procesos fundamentales del pensamiento. Ya no es sólo que al reducir el conocimiento al libro de texto estemos limitando la información de los alumnos; es que un modelo transmisivo se basa en la aceptación de una jerarquía en el saber centrada en el profesor que dicta lo que tenemos que conocer, lo que repercute en el pensamiento crítico. No me refiero a un pensamiento que promueva revoluciones sociopolíticas, sino a la capacidad de preguntarse por el mundo y encontrar respuestas divergentes, que ponga en duda cómo se viene enfocando un tema; algo que es la base del trabajo de un científico y los procesos de innovación, por ejemplo.

Al hilo quiero retomar las notas a la conferencia inaugural de Clara Mejías en la Escuela de Verano de Acción Educativa puesto que los temas que trató, en la idea de las microrevoluciones necesarias en la Escuela la comparto plenamente, centrándose en el proceso de enseñanza-aprendizaje, que no depende directamente de financiación, sino es fruto del compromiso de la comunidad escolar.

CLARA MEJÍAS. Pedagogías invisibles. rEDUvolución

Clara Mejías es miembro del grupo Pedagogías Invisibles con María Acaso. Comienza refiriendo la importancia de la última página de los cuadernos escolares, siendo los dibujos y anotaciones de esas páginas una muestra del aburrimiento que se produce en las aulas. Si se produce aburrimiento en las aulas hablamos de una educación tóxica en cuanto que carece de innovación u opta por modelos transmisivos en los que el alumno poco aporta al proceso de enseñanza.

Hay 4 problemas para la construcción crítica de conocimiento:

  • La hiperrealidad, por la que la ficción supera a la realidad. Fruto de la cultura de masas, frente a la que los procesos educativos deben aportar una cultura crítica para el consumo de imágenes.
  • El olvido de que los productos de entretenimiento son una fuente pedagógica, frente a la utilización de imágenes estereotipadas producidas exclusivamente, como las ilustraciones de los libros de texto.
  • La muerte de la pasión por el conocimiento (por los conceptos).
  • La “educación bulímica”: memorizar + vomitar datos en un examen + olvidar. Falta de relación entre los conocimientos y la realidad del alumno.

Existe una brecha pedagógica entre los contenidos liberadores que pretendemos construir y una arquitectura de aprendizaje (una metodología) que es dominadora (en la que los docentes marcan el ritmo de aprendizaje, los contenidos, la organización del aula…).

Sin aprendizaje no puede haber educación, por lo que se proponen 5 microrevoluciones para proporcionar un espacio de construcción crítica del conocimiento:

  1. Asumir que lo inconsciente es parte del proceso educativo.
  2. Pensar las relaciones de poder. Pedagogías invisibles: ejercemos el poder en todos los actos escolares. Hay que posibilitar la asunción de responsabilidades por parte de los alumnos para ser democráticos.
  3. Habilitar un espacio adecuado par los procesos de aprendizaje. No pensamos con la cabeza, sino con el cuerpo (Piscitelli). La holandesa Rosan Boch ha desarrollado apuestas arquitectónicas para romper las paredes y crear espacios de cooperación y encuentro.
  4. En la escuela deben suceder experiencias reales. No hay que malgastar el tiempo en estudiar, se trata de aprender.
    1. Pasar de la descripción a la narración.
    2. Buscar nuevas estrategias que incluyan lo inesperado y el humor.
    3. Utilizar contenido autobiográfico.
    4. Pasar del texto escrito al lenguaje audiovisual -promoviendo un pensamiento crítico/analítico/semiótico. Ejemplo: el trabajo fotográfico de Dina Goldstein y su replanteamiento de los roles de género en las películas de Disney.
    5. Trabajar por proyectos. Incluir lo artístico como herramienta de expresión y de comprensión.
    6. Abandonar una rutina contemplativa en el aula. El aprendizaje es un proceso fruto de vivencias.
  5. Construcción de experiencias acordes de evaluación para pasar de una educación pasada en la instrucción a una basada en la educación. Las notas, la puntuación, como adaptación de la práctica capitalista a la vida escolar, frente a prácticas como el cuaderno de bitácora (diario del profesor de Porlán) en el que se introducen elementos subjetivos propios de la vida del aula.
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Acerca de gabrielrosabernaez

Docente. Máster en Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible. Grupo de trabajo La Ciudad de los Niños, de Acción Educativa.
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